
En este internado aciago,
en este paréntesis negro
donde la luz nos es negada
-la ciudad y sus horizontes verticales-
nos enjaulan cristales
que no son cielos
árboles
que no son vida
hierros y piedras
que son remedos de lirios.
En este internado aciago
necesito la luz de tus ojos ciegos,
de tus manos amputadas por la ira
de tus labios, arcoiris monocromo.
Necesito de tí y tus vértices como espejos.
Te necesito, mujer,
en este internado aciago
donde yazgo entre dos sueños.