El amor es un producto del silencio,
de un silencio espeso y duro que desborda
los límites de las almas.
El silencio, como magma y como tensión del amor
se contiene a duras penas
entre las cuatro paredes del alma.
Tal vez sea sólo una mirada,
o el roce casual de una mano que susurra,
el arbitrario motivo del estruendo.
Como olas desbravadas, como aludes de fría nieve,
salen del alma vértigos y emociones
hacia el cráter anhelante de otra alma.
Se ha roto el silencio.
Esa austera y callada emoción
donde el hombre se recoge.
Y el alma, pasada la turbulencia,
busca de nuevo el silencio.
De nuevo se recomponen
los límites y las cláusulas.
Otra vez el alma calla
y da por pasado el amor.
lunes, 25 de octubre de 2010
INTERVALOS DEL SILENCIO
domingo, 17 de octubre de 2010
MAR, SIEMPRE EL MAR

Como túnica aureolada
con los más puros reflejos
espejo
que dominan gaviotas
con las alas circunflejas
aceros
que siegan nubes en vuelo
huyen ángeles en celo
agoreros
portadores de tormentas
negros barcos te socavan
remeros
de bronco hierro forjados
que cantan al fiero sol
rompiendo
las aguas y sus diamantes
los nácares y sus brillos
muriendo
el idilio con tus limítrofes rocas
arenas cuerpos desnudos el mar
Mar siempre el mar
a veces te nacen venus
como espumas
blandas olas
te cabalgan
te fructifican
en múltiples rayos
y sonoros cantos
que alojan
atardeceres
El mar
mi mar.
viernes, 15 de octubre de 2010
ET LUX IN TENEBRIS LUCET
Ángel violento y oscuro: ángel
que luego habitó entre nosotros
como metáfora inconsciente del pecado.
Somos Ángeles de sombras,
viejos, salvajes minotauros,
refugiados en el último negror
de nuestro más íntimo laberinto,
ausentes de claridades,
esperando a la doncella votiva
o al Teseo redentor.
Somos como rosas de sombríos pétalos
o gélidos aceros deshojados.
Una luz, sin embargo, nos acecha,
una luz pequeña y grávida:
aquella del amor firme y callado
que un día disolverá la sombra.
Una luz nacida, como el ángel,
de las oscuras tinieblas, nos espera
en algún ignorado rincón
de nuestro tortuoso ámbito.
Y en dulce entrega nuestra bestia
comerá de la luz así ofrecida.
jueves, 14 de octubre de 2010
VIENTO NEGRO

Un viento negro, como trenza de obsidiana,
Nacido en las raíces más profundas de la nada,
Un viento negro me abate, me soterra,
Me esparce por las recónditas regiones de su abismo.
Ya soy de nuevo fundamento de la piedra,
Esencia de la lava, que arrasa y nutre lo muerto,
Cuando palabras de vida, palabras nuevas, de agua,
Dejan su latido eterno en los poros calcinados.
Morir para ser raíz: es el destino del hombre.
Me siento avanzar en lo oscuro, en leve temblor,
Me ramifico, me expando, soy piedra y soy fuego.
De mí nacerán las rosas y los trigos y los vinos.
De mis manos brotarán los pájaros de la mañana.
Ya no jaulas opresoras:
Sólo dedos extendidos hacia el cielo.
Otros hombres me surcarán las entrañas,
Otros hombres a los que un viento negro
Abatirá en sus besanas. Y serán nuevas raíces.
lunes, 28 de diciembre de 2009
ORACIÓN
Un día más cierro la puerta de mi herida,
y corro el cerrojo de sus hojas como garras,
hojas de plomo que yo mismo fundí en grave noche.
_0_
Un día más nadie vino a restañarla con mano suave,
ni mi sangre ha hecho fecunda alguna tierra estéril.
Un día más, Señor, ¿qué has hecho de mí?
_0_
Me pudro en el fondo de mí mismo,
ya tan hondo que mis ojos no distinguen,
tan apenas, la luz redonda de mi boca.
_0_
He dejado de gritar, pues mi voz sólo retumba en el silencio
y lo destruye como a un negro cristal que no resuena,
como a una arquitectura desosada, colgada de una luz vertiginosa.
_0_
Ya no distingo el sueño de la noche de aquel otro de la muerte
y mis manos sólo palpan los abruptos minerales que me acosan,
disputándome este hueco que ahora ocupo, ínfimo vértice de la nada.
_0_
Si al menos fuese agua cristalina mi yacija,
agua que aún conserve en sus entrañas
el fulgor de alguna luz, como ojos no cerrados.
_0_
Si no cruces, sino rojas llamaradas fuesen mi flagelo,
entonces, Señor, resistiría este olvido que me espanta
y me confunde: el olvido de ser hombre.
miércoles, 9 de diciembre de 2009
SILENCIO

como buscando mi calor y mi consuelo.
Ocupa ya mis huesos y mi garganta.
Es como niebla que disuelve mis latidos.
Que se interpone entre la vida y mis ojos.
Que me cierra las ventanas a la vida.
Qué trágico el silencio cuando es silencio de muerte.
Qué amargo el silencio de los ojos que ya no expresan amor.
Qué bello es cuando, en la noche, se oyen latir las estrellas.
Silencio. El silencio de la llama que se apaga.
Silencio. Me pliego sobre mí mismo. Y callo.
Quiero volver a nacerme en el silencio.
martes, 8 de diciembre de 2009

Desde el rojo horizonte, incendiado por quien sabe que telúrica hecatombe, las nubes se me disuleven en proyectos de alboradas.
Poco a poco, como en un magnífico bostezo, se duerme el dios que saca a pacer la luna.
Las estrellas me guiñan sus ojuelos titilantes y yo, cómplice y cantor, me refugio en la última ola que muere, con su cimera de espuma, en la playa abandonada que me habita.


